(O por qué INK-Quiry estudia “tintas y pinturas”)

El término común para “tinta” en latín era atramentum, un preparado líquido de color negro que se usaba para escribir (a. librarium o scriptorium), para curtir y teñir pieles (a. sutorium) o pintar muros y paredes (a. tectorium). Atramentum (fuente del francés antiguo arrement y este, a su vez, del inglés antiguo arnement, “tinta”, que se mantiene en el cultismo inglés atramentous, un adjetivo que significa “negro como la tinta”) es un sustantivo formado sobre el adjetivo āter, ātra, ātrum “(de color) negro” que designaba, literalmente, una sustancia de ese color. En este sentido, puede compararse con el término empleado en el griego antiguo mélan graphikón (μέλαν γραφικόν), literalmente, “negro para escribir, tinta” y, con frecuencia, simplemente mélan, adjetivo neutro que significaba también “negro”. A este grupo de términos para decir “tinta” que toman como punto de referencia el color se puede sumar además otros, como el sueco bläck, procedente del protogermánico *blakaz, “quemado” (y origen también del inglés moderno black, “negro”).

Por el contrario, las lenguas ibéricas (actuales), incluido el portugués, comparten el término “tinta”, que procede del latín tincta, un participio (pasivo) de tingĕre, “teñir”. El italiano inchiostro, el inglés ink y el francés encre (del antiguo enche [siglo XII] y anteriormente enque [siglo XI], originalmente enca), procede del latín encaustum, un préstamo del griego énkaustos (ἐν- καυστός > “quemado”: ἐν-, en- “en” + el verbo καίω, kaiô “quemar”) que en latín daba nombre a una técnica pictórica ejecutada con ayuda del fuego o el calor (Mart., 4.47: encausto pingere, Plin., HN 35.149; encausta pictura).

Como puede verse, los diferentes términos empleados para denominar eso que llamamos “tinta” revelan una estrecha relación con el color y otras técnicas para aplicarlo a diferentes superficies, desde el teñido a la pintura. De hecho, en las tintas de la Antigüedad no existía una diferencia ni técnica ni material entre tinta y pintura (salvo cuando esta última se usaba para decoración mural), pues en ambos casos se empleaban los mismos ingredientes (o muy similares) y los mismos instrumentos. De hecho, el empleo de un cálamo (plumilla de caña) o un pincel, en determinados momentos y lugares del Mediterráneo antiguo dependió del simplemente del origen del escriba.

Ποίει δὲ οὐ μόνον ἐπὶ χάρτου ἢ διφθέρας, ἀλλὰ καὶ ἐπὶ μαρμάρου ἐστιλβωμένου καὶ ἐάν τι ἄλλο καλὸν θέλῃς ποζωγραφῆσαι, “Hazlo (i.e. “usa esta tinta/pintura”) no sólo sobre papiro o pergamino, sino también sobre mármol pulido y sobre cualquier otro bien que quieras decorar”.

(final de P.Leid. §.72, receta para preparar una tinta amarilla)

Las definiciones modernas suelen establecer qué es una tinta centrándose en su función y ligando esta -de forma más o menos rígida- a la escritura, pero eso no nos vale para definir las tintas históricas de la Antigüedad. Por este motivo, la definición que más me gusta es la que ofrece Cecilia Raspanti: “un líquido coloreado que se aplica sobre una superficie por la que es absorbido, pero con la que no se vincula químicamente”.

Este preparado líquido se obtenía (y obtiene) del siguiente modo (y así te familiarizas con la jerga técnica de este campo):

Para poder escribir (o pintar) necesitamos un medio fluido coloreado. El medio fluido (también denominado “vehículo”, porque sirve para transportar el pigmento) suele ser un líquido (agua, vinagre, vino, etc.) o un agente aglutinante líquido (la clara de huevo, por ejemplo) al que se da color mediante un agente colorante.

El colorante puede ser de tres tipos. Los dos más comunes son el pigmento y el tinte.

Un tinte es una sustancia colorante soluble en el vehículo. Es decir, el color es extraído de su fuente a través del medio líquido formando una solución (que se diferencia de la suspensión porque no hay partículas de pigmento). Muchas tintas elaboradas con componentes vegetales son soluciones.

Un pigmento es un material insoluble, es decir, sus partículas se mezcla con el vehículo sin disolverse, de tal manera que forma una suspensión cuyo color será más intenso cuanto más pigmento contenga. Un ejemplo sería el carbón (tinta negra) o el ocre (tinta amarilla o roja).

El tipo más raro (pero no por ello menos usado) es el tercero: las tintas en las que el color procede de una reacción química entre sus componentes. Este es el caso de la tinta ferrogálica, una de las tintas más comunes a partir de la Edad Media.

En una tinta se necesita, sin embargo, un tercer elemento: el agente aglutinante, que sirve para dar densidad al líquido y que el pigmento no se deposite en el fondo, sino que se mantengan suspendido y garantizar la adhesión de este fluido al soporte de escritura (el papiro, pergamino, papel, etc.). Esta función la puede desempeñar también con un tinte, ya que no todos los tintes son capaces de penetrar suficientemente en la estructura del soporte de escritura y el aglutinante le proporciona adherencia. Es decir, aporta durabilidad a las tintas evitando que el uso las elimine del soporte. Los aglutinantes más empleados en la antigüedad eran la clara de huevo y la goma arábiga (resina extraída de algunos tipos de acacia que se disolvía en agua y tiene propiedades adherentes).

Las tintas (/pinturas) pueden contener también distintos tipos de ingredientes adicionales:

  • agentes conservantes: las tintas contienen sustancias orgánicas que con el tiempo se descomponen. Para alargar su vida útil y preservarlas del moho y las bacterias, las tintas a veces contienen ingredientes con propiedades bactericidas y fungicidas como la sal, el aceite de clavo, la miel (que además mejora la flexibilidad y evita el craquelado) o el vinagre (actúa además como mordiente, haciendo que la tinta penetre en la superficie sobre la que se aplica).
  • agentes pesticidas: en la antigüedad se empleaba mucho la artemisia o ajenjo (Artemisia absinthium L.), una planta con propiedades repelentes para insectos y roedores que ayudaba a preservar los textos.

“(El ajenjo) espolvoreado en las arcas preserva la ropa sin agusanarse y sus fricciones con aceite impiden a los mosquitos acercarse al cuerpo. La tinta, si se pone en remojo (i.e. si se mezcla) con la infusión de esta planta, preserva los escritos sin que los coman los ratones.”

— Dsc., 3.23 s.v. ἀψίνθιον

  • agentes humectantes: los pigmentos a veces se resisten a mezclarse con el medio fluido (son hidrófugos, como el ColaCao). Para romper esa resistencia y facilitar su solución, se emplean sustancias como la hiel (en la actualidad de bóvido; en la Antigüedad, de cualquier animal, incluidos tortugas, camellos…).
  • agentes modificadores: ciertas sustancias tienen la capacidad de variar el color, el brillo, la opacidad, etc.

Como ves, la elaboración de una tinta puede ser más o menos compleja dependiendo de sus componentes y la cantidad de ingredientes. Esto hace que no haya un procedimiento de elaboración estándar: para algunas bastaba con mezclar el pigmento con la goma arábiga hidratada, para otras se requerían días o semanas de preparación hasta el resultado final. Te iré mostrando distintos procesos en otras entradas.